Se
supone que, como dice el primer artículo de La Declaración de los Derechos
Humanos, estos derechos nos afectan y cubren a todos por igual y nadie puede
atentar contra ellos, sin embargo en estos últimos tiempos todos hemos podido
ver cómo los cuerpos de seguridad del Estado han abusado de su autoridad y de
su fuerza indiscriminadamente, ya que hoy en día aunque los medios o las
fuentes oficiales no lo muestren directamente, internet y las nuevas
tecnologías nos han mostrado como actúa la policía en reiteradas ocasiones
(sobre todo las unidades de antidisturbios) cuando supuestamente están ahí para
protegernos.
Y
es que esto no es un hecho aislado, no es fruto de una manifestación concreta o
de un grupo antisistema descontrolado. Son actuaciones sistemáticas, bien
pensadas, y que cada vez más, estamos acostumbrados a ver en las calles cuando
hartos de la situación a la que se nos está llevando, reclamamos que se
respeten nuestros derechos y nuestro futuro.
Asociaciones
de reconocida transcendencia, como Amnistía Internacional, se manifiestan al respecto, concretamente en un comunicado en el que recuerdan a las autoridades
españolas que el uso de fuerza es el último recurso para garantizar el orden
público, no el primero, tras las manifestaciones de estudiantes en Valencia,
pues para la ONG, dichas actuaciones presentan “dudas razonables”.
Incluso
la Comisión Europea lleva tiempo advirtiendo a los países miembros del uso de
algunas herramientas como son las escopetas de proyectiles de goma, ya que
llevan tiempo estando en tela de juicio dado los daños físicos causados e incluso
a la muerte de algunas personas por su uso en manifestaciones o disturbios. Dichas escopetas se deben disparar a un mínimo de 50 m. y rebotando antes contra el suelo, y aun así cuando se respeta esto las lesiones ocasionadas pueden ser muy graves. De hecho el año pasado
se advirtió a todas las fuerzas de seguridad del Estado Español que debían dejar de
utilizar las pelotas de goma como máximo a finales de 2012, plazo que se está
alargando lo máximo posible por parte de los cuerpos de seguridad.
Estos
son solo algunos ejemplos sobre las actuaciones directas de la policía, pero
estos hechos están respaldados por violaciones sistemáticas y estructurales de
nuestros derechos, como puede ser la reciente reforma en el código penal, con
la que quedará penada la resistencia pasiva (sentarse en el suelo, negarse a
moverse, o sea, no hacer nada), con lo cual, sentarse en una plaza
pacíficamente para reclamar un legítimo derecho violado por quienes nos
representan en el gobierno, estará a un nivel similar que robar en un
establecimiento.
En
definitiva, la mera existencia de un cuerpo de policía especializado en el uso
de la fuerza física para contener a civiles en un país democrático, ya es
sospechoso, puesto que si existen en tal cantidad es porque se presupone que
será necesario contener a las masas cuando indignadas por la actuación de los
gobiernos tomen las calles y vías públicas que les pertenecen por derecho.
Cuando movimientos como el 15M, uno de los que más se están dejando ver estos
últimos años en manifestaciones, llevan proclamando desde el principio que son
un movimiento pacífico y aun así han recibido duras represiones por parte de la
policía, respaldadas por el gobierno, por lo que al parecer, sí que hay gente o
instituciones que están por encima de los Derechos Humanos.
“Dar ejemplo no es la principal
manera de influir sobre los demás; es la única manera.”
Albert Einstein

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