Cuando hablamos de explotación infantil nos referimos a aquellas situaciones en las que un menor trabaja en condiciones inadecuadas, insalubres o incluso peligrosas, con largas y duras jornadas de trabajo, y que le impiden tanto acudir al colegio como desarrollarse social y personalmente.
UNICEF exceptúa aquellas situaciones en las que el menor trabaja para su familia por su situación de pobreza y ausencia de protecciones sociales. Además de su jornada de trabajo disponen de algunas horas para asistir al colegio. En este caso, hablamos de miseria, y no de explotación infantil.
Pero… ¿hoy en día siguen dándose casos de explotación infantil?
Por desgracia, la respuesta es sí, y los datos son un poco escalofriantes.
Según UNICEF, en su reporte anual sobre explotación infantil, (recogido en la tabla 9), el año pasado, 346 millones de niños/as fueron explotados laboralmente, y al menos tres cuartas partes lo hacen en condiciones o situaciones de peligro.
Para hacernos una idea más concreta: en América Latina trabaja 1 de cada 5 niños con edades comprendidas entre los 5 y los 14 años, en África 1 de cada 3, en Asia 1 de cada 2.
Algunos de estos tristes ejemplos los encontramos en:
Parece increíble e inhumano que haya gente que se aproveche tanto de las personas más indefensas y necesitadas del mundo.
¿Quién es el culpable de todo esto?
No se podría dar con un solo culpable, tienen tanta culpa las empresas que se dedican a contratar menores, como los gobiernos de cada país que consienten o hacen la vista gorda ante estas acciones, como el resto de ciudadanos que consumimos todos estos productos que sabemos de donde proceden.
¿Cómo evitar el problema de la explotación infantil?
Difícilmente sacaremos en un momento una respuesta a un problema de tal envergadura. Proteger a los menores debería ser prioritario para cada país, procurándoles su educación, haciéndola obligatoria hasta los 14 años; la involucración de los demás países desarrollados a contribuir en la mejora de las condiciones de vida de los niños/as; un comercio justo, comprando los países desarrollados a mayor coste y vendiendo a menor precio; concienciación de los padres y ayudas como comedores para los niños/as en las escuelas…
¿Y qué está en nuestra mano para intentar resolver esta situación?
Siempre oímos que debemos apadrinar niños, contribuir en las campañas kilo, de ropa… todos estos movimientos contribuyen positivamente a esta causa.
Pero... ¿son del todo efectivas? ¿Conseguiremos que la explotación infantil desaparezca por enviar un kilo de arroz a la vez que seguimos comprando materiales hechos con el sudor de su frente?
Una acción conjunta de no comprar a las empresas que utilizan esta obra de mano infantil sí detendría este abuso de los más desfavorecidos.
La participación en ONGs que luchan contra el trabajo infantil, movilizaciones en contra, concienciación y sensibilización de los ciudadanos sobre las situaciones que viven estos menores, o incluso, la creación de nuevas asociaciones dispuestas a luchar por un cambio.
Acabemos con esa hipocresía de empresas que dan premios a ONGs por luchar contra la explotación infantil con el fin de limpiar su propia imagen; con todos esos gobernantes, que empobrecen a su pueblo para enriquecerse ellos, y que dicen ser defensores de los derechos humanos...
Que la vida de los niños no dependa del lugar dónde nacen... No descuidemos el futuro de nuestra especie.
UNICEF exceptúa aquellas situaciones en las que el menor trabaja para su familia por su situación de pobreza y ausencia de protecciones sociales. Además de su jornada de trabajo disponen de algunas horas para asistir al colegio. En este caso, hablamos de miseria, y no de explotación infantil.
Pero… ¿hoy en día siguen dándose casos de explotación infantil?
Por desgracia, la respuesta es sí, y los datos son un poco escalofriantes.
Según UNICEF, en su reporte anual sobre explotación infantil, (recogido en la tabla 9), el año pasado, 346 millones de niños/as fueron explotados laboralmente, y al menos tres cuartas partes lo hacen en condiciones o situaciones de peligro.Para hacernos una idea más concreta: en América Latina trabaja 1 de cada 5 niños con edades comprendidas entre los 5 y los 14 años, en África 1 de cada 3, en Asia 1 de cada 2.
Algunos de estos tristes ejemplos los encontramos en:
- Pakistán, con alrededor de 7000 niños que cosen pelotas cobrando 0,6 $ por cada una (por día no hacen más de 3).
- Países como Tailandia, India, Brasil, los niños/as son utilizados para el turismo sexual infantil, de adultos nacionales o extranjeros, existiendo incluso agencias de viaje que concierten este tipo de actividades en el viaje.
- Los mayores países exportadores de cacao, como Costa de Marfil, tienen hasta 100.000 menores, en contra de su voluntad y en la peores condiciones de trabajo trabajando en la recolecta de este producto, incumpliendo el protocolo del cacao.
- África, el 17% de la población activa son niños.
- India tiene la mayor tasa de analfabetismo del mundo, pues los niños comienzan a trabajar entre los 4 y 14 años (minidocumental TVE2).
- Haití, los trabajadores cosen para Walt Disney a 20 peniques la hora (0,24cts de euro).
- La mayoría de las grandes marcas, sobretodo de material deportivo (Nike, Reebok, Adidas…) y las fábricas de juguetes exportados a todo el mundo, tienen las fábricas por todo Asia, debido al bajo coste de la mano de obra (Anti-spot Nike).
- Incluso, la marca Apple, reconoció el año pasado el empleo de mano de obra infantil en 3 fábricas de Asia.
Parece increíble e inhumano que haya gente que se aproveche tanto de las personas más indefensas y necesitadas del mundo.
¿Quién es el culpable de todo esto?
No se podría dar con un solo culpable, tienen tanta culpa las empresas que se dedican a contratar menores, como los gobiernos de cada país que consienten o hacen la vista gorda ante estas acciones, como el resto de ciudadanos que consumimos todos estos productos que sabemos de donde proceden.
¿Cómo evitar el problema de la explotación infantil?
Difícilmente sacaremos en un momento una respuesta a un problema de tal envergadura. Proteger a los menores debería ser prioritario para cada país, procurándoles su educación, haciéndola obligatoria hasta los 14 años; la involucración de los demás países desarrollados a contribuir en la mejora de las condiciones de vida de los niños/as; un comercio justo, comprando los países desarrollados a mayor coste y vendiendo a menor precio; concienciación de los padres y ayudas como comedores para los niños/as en las escuelas…
¿Y qué está en nuestra mano para intentar resolver esta situación?
Siempre oímos que debemos apadrinar niños, contribuir en las campañas kilo, de ropa… todos estos movimientos contribuyen positivamente a esta causa.
Pero... ¿son del todo efectivas? ¿Conseguiremos que la explotación infantil desaparezca por enviar un kilo de arroz a la vez que seguimos comprando materiales hechos con el sudor de su frente?
Una acción conjunta de no comprar a las empresas que utilizan esta obra de mano infantil sí detendría este abuso de los más desfavorecidos.
La participación en ONGs que luchan contra el trabajo infantil, movilizaciones en contra, concienciación y sensibilización de los ciudadanos sobre las situaciones que viven estos menores, o incluso, la creación de nuevas asociaciones dispuestas a luchar por un cambio.
Acabemos con esa hipocresía de empresas que dan premios a ONGs por luchar contra la explotación infantil con el fin de limpiar su propia imagen; con todos esos gobernantes, que empobrecen a su pueblo para enriquecerse ellos, y que dicen ser defensores de los derechos humanos...
Que la vida de los niños no dependa del lugar dónde nacen... No descuidemos el futuro de nuestra especie.
... y tú, ¿qué estás dispuesto a hacer para que esto cambie?
“La vida de un niño es como un trozo de papel sobre el cual todo el que pasa deja una señal. Sobre los cuerpos de los niños trabajadores no se dejan mensajes de amor sino heridas profundas que les mutilan para el resto de sus vidas”.
(Proverbio chino).
CONTRA LA EXPLOTACIÓN INFANTIL
ResponderEliminarMe gustaría mostrar mi conformidad con todo lo expuesto en la presente entrada,es admirable como existen personas que sin sacar beneficio de ello se preocupan y sienten como propias tales injusticias,y quisiera añadir que la única y posible solución a esta situación es que se fomente una conciencia social de respeto, solidaridad e igualdad, por parte, sobre todo de los que tienen y deben dar ejemplo, como son los organismos públicos internacionales, pues no pueden recoger una serie de Derechos en un texto tan importante como la Convención de Derechos del Niño de 1989 para después, saltarse todo el articulado a la torera.Es necesario captar la atención de dichos organismos y de la comunidad internacional en su conjunto, para que se conciencien de que esta realidad no es para nada una minucia,y es necesario que sientan ese menoscabo de Derechos como propio, pues sólo en ese caso, podríamos realizar avances y mejoras.
M.J