- La posibilidad de que una democracia real se
lleve a cabo, parece una idea contradictoria al sistema capitalista. Con esto,
se deduce que no es posible ni el cumplimiento de un sistema democrático ni los Derechos Humanos que este llevaría implícitos.
Estas
hipótesis que muchos de nosotros nos estamos planteando hoy en día, fueron
planteadas y confirmadas ya anteriormente por estudiosos y economistas.
Una
de las visiones en la que me he podido inspirar para esta entrada, y en la que
más claras se pueden observar estas afirmaciones, es la del economista
austríaco Joseph Alois Schumpeter y el concepto de
Destrucción Creativa. Este concepto lo había ideado anteriormente el sociólogo
alemán Werner Sombart, pero Schumpeter lo popularizó mediante su obra Capitalismo, socialismo y democracia
en el 1942.
Respecto al
concepto de "Destrucción Creativa": en la economía de mercado se produce un
proceso de innovación, que resulta ser el motor de esta economía. Para que el
crecimiento económico largoplacista y sostenible tenga lugar, la figura del emprendedor innovador será clave. Se deduce pues que mediante la innovación, los nuevos
productos destruyen viejas empresas y modelos de negocio. Los sistemas se
destruyen para dar paso a otros nuevos.
Esto
es un “hecho esencial del sistema capitalista” que todos hemos podido apreciar.
Establecida
esta estructuración a nivel global, cabe a preguntarse dónde quedarán los
Derechos Humanos si la importancia aparente de nuestro sistema globalizado
reside en el capital.
¿Conviene respetar esos “enunciados” sin que ello perjudique
a grandes industrias, Gobiernos guiados por intereses, nuestros propios beneficios materiales, y un largo etcétera?
Para
contestar a este tipo de preguntas, considero necesario dejar al margen la teoría
y promoción establecida para los Derechos Humanos para pasar a la visión práctica
a partir de unos pocos ejemplos reales y recientes con los que vivimos día a día.
·
Desahucios:
el derecho a una vivienda digna está quedando en el olvido.
·
“A
perro flaco, todo son pulgas”. Y es que, a partir de la famosa crisis hemos
visto los rescates, las presiones asfixiantes, las deudas establecidas por los
altos poderes económicos en la Unión Europea.
Evidencias del asunto pueden ser las amenazas que continuamente recibe el Gobierno español para reducir el déficit (aun siendo conscientes todos de la situación en la que se encuentra), o, mejor aún, el ataque hacia la voluntad democrática de Papandreu: primer ministro griego que quiso someter a referéndum a la ciudadanía griega en cuestiones relacionadas con los rescates económicos y la participación en la zona euro
·
Explotación
de la mano de obra: es aquí donde entra, en gran parte, nuestro papel en el
sistema. Poca gente rechaza un consumo más económico aun sabiendo que está
siendo a costa de una explotación, habitualmente en países externos al nuestro,
donde se puede exprimir al máximo al personal no cualificado. Con esto no
quiero decir que la explotación se reduzca únicamente a países periféricos, ya
que cada vez se hace mas notable en muchos escenarios.
·
Actuales
y excesivos recortes en nuestro país en dos de los pilares más básicos del Estado de Bienestar
(naturalmente en tela de juicio por la trayectoria de extinción en las políticas sociales): sanidad y educación.
·
Inmigración:
temiendo por la escasez de recursos sanitarios, materiales y empleo, se ha
concebido a la inmigración como un intruso que no tiene por qué gozar de los
Derechos Humanos en el país al que acuda.
·
La
libertad de pensamiento en el moderno occidente: la manipulación de la
información por parte de los medios de comunicación, o el continuo bombardeo
publicitario que recibimos de manera consciente e inconsciente no es, por así decirlo, algo que nos permita actuar de manera libre a la hora de tomar determinadas decisiones.
Rellenaríamos
muchísimas páginas si continuásemos apuntando ejemplos evidentes de la
violación de los Derechos Humanos.
Sinceramente,
observando tales rasgos del sistema que ha globalizado prácticamente todo el
mundo, no creo que haga falta realizar un gran esfuerzo para averiguar que los
intereses que priman son mas bien encaminados al poder y a la adquisición, que
a los “simples” Derechos Humanos, que, nombrados aquí quedan como una simple
herramienta secundaria a la que a veces conviene recurrir.
Inevitablemente, las personas que queden más apartadas o atrasadas en el sistema mercantil, serán las más vulnerables y las que más riesgo asuman a la hora de ser excluidas socialmente (menor acceso a educación, sanidad, vivienda, pensiones precarias), debido a la falta de políticas sociales y al continuo refuerzo del libre mercado (poder de los grandes empresarios).
No
obstante, la lucha por la defensa de estos existe. Varios componentes de este
blog hemos hecho referencia a organizaciones que procuran que situaciones como
las se han citado en esta entrada no se produzcan. El sinfín de ejemplos que no
se han mencionado hace que despierte la conciencia y la lucha de algunos que no
nos sentimos satisfechos con este modo de ver el mundo.
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