Desde la creación de la Declaración de los
Derechos Humanos en 1948, esta se ha convertido en el estandarte de nuestra
civilización. Nos hemos sentido orgullosos y se nos ha llenado la boca de
halagos hacia la más grande de nuestras hazañas. En el momento de su aprobación
el mundo entero sintió que después de casi dos mil años de historia cristiana y
muchos más paganos, el ser humano alcanzaba su mayor estado de conciencia y
redimía sus pecados a través de esta declaración. Hasta aquí he hablado de lo
que nos han contado, pero por suerte también podemos reflexionar.
En las últimas décadas se han sucedido guerras en todo el
planeta, la mayoría llevadas a cabo por países firmantes de la declaración,
como respuesta a supuestas violaciones de los derechos humanos en paises de
oriente próximo y África. Con Estados Unidos a la cabeza nos hemos ocupado de
malvados dictadores, hemos liberado poblaciones y llevado la paz y el orden a
nuestros hermanos subdesarrollados. Eso es lo que nuestro inmenso ego nos
comunica a través de la televisión, ¿o quizás sea nuestro bondadoso gobierno?
La realidad es que los gobiernos de los países más
“desarrollados” han utilizado la declaración cómo excusa para saquear a los
países más pobres, destruir sus gobiernos y con ellos su estabilidad política y
social. Pero esa es la parte más bonita del cuento. Uno de los negocios más
rentables del planeta es la guerra, asíque como estrategia empresarial, hemos
generado esa inestabilidad política para aumentar nuestra amada rentabilidad
capitalista. Al mismo tiempo que llevamos nuestras flamantes armadas con la más
sofisticada tecnología bélica, hemos armado a nuestros rivales con preciosas
AK-47, el arma con la que todo talibán se masturba cada noche.
Pero cómo no es lo suficientemente hipócrita, hacemos
congresos para erradicar el hambre y la guerra en los paises que arrasamos, en
los cuales nuestros serenos dirigentes se gastan los millones de euros que en
ningún caso llegarán como ayuda humanitaria a esos somalíes con moscas que nos
enseñan por televisión, y por los cuales por supuesto sentimos una gran
“penita”.
Cómo conclusión, no tengo nada que señalar. Os invito a la
reflexión.
Voltaire, “la tierra descansará en paz el día que asesinemos
el último rey, con las vísceras del último sacerdote”
Interesante reflexión sobre la bipolaridad ética que encierra el concepto de los DD.HH. Lo que a las sesudas cabezas ilustradas les costó tanto tiempo plasmar en un código que proclamaba a voz en grito la luz de la razón, poco les cuesta a los poderes de control actual utilizar cual excusa bélica. Eso en parte sucede porque en ningún momento se ha planteado en la población un debate potente en torno a las responsabilidades etnocentristas que encierra ese código, y en lugar de ello se ha visto en muchos casos utilizado (en el sentido más repugnante del término) como pre-campaña publicitaria para tapar todo tipo de formas de control económicas y, por tanto, políticas.
ResponderEliminar¿el mundo empieza en 1948? Un poco tarde, ¿no? teniendo en cuenta la cantidad de Revoluciones, guerras, conflictos que ha habido en el mundo desde el inicio de los tiempos por la Libertad. Y tu conclusión y tu punto de partida es el mismo: los Estados Unidos tienen la culpa de todo. Hay una extraña fijación por los Estados Unidos en este Blog. Hay que leer más, y tener en cuenta una cosa : Los Imperios, por muy extensos que sean o hayan sido, nunca han sido omnipontentes.
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